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El sentido del trabajo en nuestras vidas

Nureya Abarca

viernes 26 de febrero, 2021

"Cuando el hombre se encuentra con lo que es verdadero, bueno y bello, alcanza la felicidad y plenitud de su ser y da sentido a su vida (Cf. Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, n.360)"

Esta búsqueda se manifiesta de manera especial en el equilibrio entre vida personal y trabajo, la que puede definirse como “el logro de experiencias satisfactorias en todos los dominios de la vida” (Cf. Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, n.360). Esto requiere saber distribuir entre los distintos dominios los recursos personales tales como energía, tiempo y compromiso. Muchos estudios han demostrado que este balance se encuentra positivamente relacionado con la calidad de vida y otros indicadores de bienestar. La relación entre vida personal y desarrollo de carrera ha evolucionado desde una interacción de conflicto, hasta considerar que resulta valioso contar con las posibilidades de enriquecimiento entre estos dos dominios. Cuando una persona se involucra en múltiples roles, esto genera un beneficio, porque se mejora el desempeño en todos los ámbitos, se produce una transferencia de energía, experiencias positivas y contactos sociales entre ellos.

Sin embargo, en este tiempo de pandemia que nos ha tocado vivir trabajando desde la casa, hemos experimentado también las tensiones entre estos dos ámbitos tan esenciales en nuestras vidas. Es así como el teletrabajo, nos ha “forzado” a llevar el trabajo a nuestro lugar de descanso, lo que ha provocado en algunos casos a una “adicción al trabajo“, empañando y empobreciendo la vida familiar.

El ser humano adquiere consistencia en su vida cuando es él mismo, independiente de dónde y con quién se encuentre

Como nos menciona el Papa Francisco en su homilía del viernes 1 de mayo del 2020 “Y el trabajo es lo que hace al hombre semejante a Dios, porque con el trabajo el hombre es un creador, es capaz de crear, de crear muchas cosas, incluso de crear una familia para seguir adelante. Es la primera vocación del hombre: trabajar. Y esto le da dignidad al hombre. La dignidad que lo hace parecerse a Dios. La dignidad del trabajo.”

El ser humano adquiere consistencia en su vida cuando es y tiene claro que todas sus acciones han de estar encaminadas a fortalecerse como persona y afianzar su familia y la sociedad.

Esta es su misión personal, la que puede ser considerada como la fuerza motivadora, capaz de guiar sus acciones y superar sus propios límites. Refleja sus aspiraciones y deseos más profundos. La tarea de descubrir -o clarificar- nuestra misión personal, tanto en la vida personal como laboral y en el equilibrio entre ambas, comienza por enfocar nuestra razón y nuestra emoción en lo más importante de nuestra vida, en despertar ese fuego interior que constituye nuestro ser más profundo. En el desarrollo de la misión personal se pueden distinguir tres hitos.

El ser humano adquiere consistencia en su vida cuando es él mismo, independiente de dónde y con quién se encuentre

En una primera instancia ser fiel a lo que uno es esencialmente como persona, que tiene que ver con conocerse a sí mismo, tomar conciencia de lo que se tiene de original y por lo tanto, de lo que se puede aportar a los demás en cualquiera de los planos en que nos desarrollemos. Muchas veces esta forma de ser distinto choca con el medio y por lo mismo, requiere de valentía el defender aquello que es más propio de uno.

El segundo hito es la responsabilidad para desarrollar los dones o talentos, es decir, que después de tomar conciencia de lo que auténticamente uno es, empieza a surgir la responsabilidad para desarrollar los talentos propios y hacerse competente en lo que uno quiere. Esto significa perseverancia y trabajo, a veces por largos años, para prepararse y mejorar en lo que entregamos en el seno de nuestras familias, y en el desarrollo de la actividad laboral que nos interpreta y nos gusta. También empezar a disfrutar en lo que es el trabajo bien hecho, la tarea cumpolida.

Y por último el entusiasmo por entregar y compartir con otros eso que uno ha adquirido y aprendid. Todo sacrificio o postergación que a veces uno hace para hacerse más experto o para ser más riguroso o preciso en los conceptos, puede finalmente ayudarnos para entregar nuestro aporte original. Traducir lo que se ha aprendido, para que otros lo comprendan y se entusiasmen, es una tarea importante. Todos estamos llamados a influir a través de nuestras acciones y conocimientos en los demás.

¿Estamos desarrollando nuestros talentos al servicio de los demás? ¿Cómo cuidar ese límite de servir a otros con nuestros conocimientos y talentos pero al mismo tiempo cuidar los momentos familiares y personales?

“Todos hemos recibido de Dios un “patrimonio” como seres humanos, una riqueza humana, del tipo que sea. Y como discípulos de Cristo, también hemos recibido la fe, el Evangelio, el Espíritu Santo, los sacramentos, y tantas otras cosas. Estos dones hay que emplearlos para hacer el bien, el bien en esta vida, como servicio a Dios y a los hermanos.”

Papa Francisco,  Angelus 15 de noviembre de 2020

 

Nureya Abarca
Profesora de la Escuela de Administración de la UC

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