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Prat: un héroe entre nosotros

P. Gilberto Garay

Año IV, Nº 70.

viernes 20 de mayo, 2022

"Ciertamente, el heroísmo de Prat en Iquique no lo podemos replicar, pero sí el heroísmo de su vida diaria, abierta a las necesidades de su prójimo… "

Por estos días, se están cumpliendo 20 años de ciertas películas que nos muestran héroes como Spiderman o Harry Potter; son un tipo de héroes con superpoderes o poderes mágicos, según sea el caso. También hay otra clase de héroes más terrenos, como los héroes de nuestra historia patria. Y no podemos dejar de mencionar a los héroes en la historia de la Iglesia, los santos y los mártires, que recordamos cada año en su fiesta particular, como los mártires Pedro y Pablo, Esteban, Óscar Romero y tantos otros que dieron su vida en el anuncio del Evangelio.

Consideremos un ejemplo de nuestra historia patria que nos muestra el heroísmo de una vida diaria simple y abierta al bien de los demás, el comandante Arturo Prat, quien dio su vida en la cubierta del monitor “Huáscar” en el Combate Naval de Iquique, el 21 de mayo de 1879.

Prat nos muestra cómo los ideales cristianos permeaban su vida diaria, y posiblemente motivaron su deseo de entrega por el prójimo que era su propia nación.

La vida de don Arturo Prat parece la de un atípico marino de la Armada chilena del siglo XIX, un marino-literato. Era un católico practicante, que vivió el heroísmo de la vida diaria, “en la tenacidad del amor volcado en la familia (…) y a favor de una comunidad amenazada” como lo mencionara el Papa Francisco sobre Judit, en la catequesis de la audiencia general del pasado 11 de mayo de este año. Era devoto de la Virgen del Carmen, cuyo escapulario llevaba puesto al momento de su muerte junto a una imagen del Sagrado Corazón de Jesús.

Como hombre de fe, que asistía a misa regularmente, se puede comprender su vocación a la abogacía. No sólo defendió a compañeros de armas, sino que ejerció en el puerto de Valparaíso en los momentos libres de su servicio a la armada. Fue también profesor en la escuela para adultos “Benjamín Franklin”, porque estaba convencido que la educación de los obreros les permitiría mejorar su futuro personal; su tesis para ser abogado fue sobre una revisión de la ley de sufragios recientemente promulgada, indicando varios vacíos y correcciones a la misma.

Esta semblanza de Prat nos muestra cómo los ideales cristianos permeaban su vida diaria, y posiblemente motivaron su deseo de entrega por el prójimo que era su propia nación.

«(Prat) es un ejemplo de ciudadano, padre y esposo. Es una invitación a vivir lo que el Papa Francisco llama «la santidad de cada día, la amabilidad y preocupación por el otro».

El sentido del deber para con la patria puede dar una explicación al sacrificio de Prat y sus hombres en Iquique, lo que provocó en nuestro país un deseo de emular su gesta. A partir de esto podemos entender su muerte como un “testimonio” de amor a la patria y defensa de sus ideales; por eso se les llama mártires de la patria, pues su acción puede aproximarse a la definición de martirio que el Papa Francisco nos presenta, en su audiencia general del miércoles 28 de junio de 2017: “Esta fidelidad al estilo de Jesús (…) hasta la muerte, será llamada por los primeros cristianos con un nombre bellísimo: ‘martirio’, que significa ‘testimonio’. Había muchas otras posibilidades (…) se podía llamar heroísmo, abnegación, sacrificio de sí. Y en cambio los cristianos de la primera hora lo llamaron con un nombre que perfuma de discipulado”.

Ciertamente, el heroísmo de Prat en Iquique no lo podemos replicar, pero sí el heroísmo de su vida diaria, abierta a las necesidades de su prójimo, preocupado por el bienestar de los más pobres, haciendo algo concreto como enseñar, sin percibir remuneración, ejercer su profesión de abogado para auxilio de los más pobres.

Podemos preguntarnos a nosotros mismos, hoy en día, si nuestra propia vida cotidiana tiene estos elementos de preocupación por el prójimo que tenía Arturo Prat; si nos sentimos llamados a poner nuestra profesión al servicio de los más necesitados.

“Todos estamos llamados a ser santos viviendo con amor y ofreciendo el propio testimonio en las ocupaciones de cada día, allí donde cada uno se encuentra. ¿Eres consagrada o consagrado? Sé santo viviendo con alegría tu entrega. ¿Estás casado? Sé santo amando y ocupándote de tu marido o de tu esposa, como Cristo lo hizo con la Iglesia. ¿Eres un trabajador? Sé santo cumpliendo con honradez y competencia tu trabajo al servicio de los hermanos. ¿Eres padre, abuela o abuelo? Sé santo enseñando con paciencia a los niños a seguir a Jesús. ¿Tienes autoridad? Sé santo luchando por el bien común y renunciando a tus intereses personales”.

Papa Francisco,
Gaudete et Exsultate, 14

P. Gilberto Garay
Profesor de la Facultad de Ciencias de la Universidad Católica del Norte

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