Los momentos más importantes de la vida se preparan: un examen, un cambio de casa, un viaje, el nacimiento de un hijo, entre muchos acontecimientos. La Cuaresma, que comienza este miércoles, es un tiempo privilegiado para disponer nuestro corazón para vivir el misterio central de nuestra fe: la muerte y resurrección de Cristo.
Resulta desafiante cuando el Miércoles de Ceniza se celebra justo en medio de las vacaciones de verano. ¿Cómo puedo empezar este tiempo de preparación mientras disfruto de la playa, el campo, o de unos días libres en mi casa haciendo actividades diferentes y descasando? Este panorama podría menguar el espíritu penitencial de la Cuaresma.
Recordemos las tres prácticas que la Iglesia nos recomienda para vivir este tiempo: oración, ayuno y caridad.
Sin embargo, podemos ver también aquí una preciosa oportunidad para compartir en familia, para dedicar parte del tiempo libre que Dios nos regala a la oración, a la reflexión, las prácticas de caridad, las buenas lecturas que nos permitan crecer en amistad con Jesús, quien pasó 40 días en el desierto, orante, penitente y quien demostró cómo su amor al Padre lo llevó a vencer las tentaciones del enemigo, quien intentó engañarlo y seducirlo con bienes aparentes.
Recordemos las tres prácticas que la Iglesia nos recomienda para vivir este tiempo: oración, ayuno y caridad.
Ayunar no significa solo abstenernos de alimentos, aunque esta práctica es altamente recomendada para vivir el desapego y el espíritu ascético. También podemos “ayunar” de aquello que endurece nuestra mirada, que nos aísla. El Papa León XIV recuerda la necesidad del “desarme del corazón, de la mente y de la vida” (Jornada Mundial de la Paz 2026). ¿Qué tal si ayunamos de habladurías, etiquetajes, divisiones y rencores? ¿De la dependencia del celular o de querer mirar y subir todo a las redes sociales? Así podemos entregarle a Jesús en la fiesta de la Pascua un corazón libre, que irradie una paz desarmante.
La oración, por su parte, nos permite crecer en amistad con Jesús, conocerlo, hablarle, escucharlo, contemplarlo y dejar que Él nos contemple. Recomiendo en esta Cuaresma algunas prácticas como meditar las lecturas de la misa del día, leer un buen libro espiritual, visitar el Santísimo en caso de tener cerca una capilla, rezar un denario o un rosario y acudir al sacramento de la confesión.
Les invito en esta Cuaresma a abrir sus corazones para renovarse, ensanchar el corazón y llegar preparados como es debido a la mayor celebración de los cristianos.
La caridad es compartir algunos bienes, donar mi tiempo y mis dones. Puede ser un tiempo para conocer e involucrarnos en algún proyecto solidario. Para dar nuestro pequeño pero significativo aporte a transformar aquellas “estructuras de injusticia” que denuncia el Papa León XIV y que deben ser “reconocidas y destruidas con la fuerza del bien, a través de un cambio de mentalidad” (Dilexi te, 97).
Una idea para este tiempo puede ser ofrecer estas tres prácticas por nuestros hermanos que han sido víctimas de los incendios en el sur, por el alma de quienes han fallecido, la recuperación de quienes han quedado heridos y la fortaleza de quienes han perdido sus pertenencias y sus seres queridos. Les invito en esta Cuaresma a abrir sus corazones para renovarse, ensanchar el corazón y llegar preparados como es debido a la mayor celebración de los cristianos, porque Cristo venció la muerte para darnos la vida.
¿Qué actitudes, hábitos o pensamientos me impiden experimentar la paz que Cristo desea regalarme? ¿De qué manera puedo transformar las prácticas de oración, ayuno y caridad en gestos de reconciliación y misericordia? ¿Qué pasos puedo dar hoy para dejarme moldear por el Espíritu y caminar con un corazón más sencillo y disponible?
Que María, Madre nuestra, nos ayude a disponer el corazón en este tiempo que comenzamos para acercarnos más a su Hijo Jesús, quien por amor da su vida por cada uno de nosotros.