Otras reflexiones

Su voluntad en mi camino

“Queriendo probar el servicio de la universidad, para los trabajos de verano me recomendaron el proyecto Viviendas, que busca construir casas y aliviar un poco el déficit habitacional. Aquí no solo entendí que lo que le faltaba a mi corazón era el encuentro con Dios, sino que también encontré un grupo de voluntarios que me marcó y que me ayudó a encontrar el inicio del camino que buscaba”.

Migrar, un camino de fe

"Tomar la decisión de migrar es, en muchos casos, un verdadero salto de fe. Es caminar sin tener todas las certezas, confiar sin controlar el futuro, creer que Dios va delante, aun cuando el camino no se ve claro".

El anuncio de siempre, como nunca

El primer anuncio no es únicamente el inicio de la fe: es su fuente constante de sentido y alegría. No está reservado a quienes nunca han oído hablar de Cristo, sino que también alcanza a quienes necesitamos volver a escucharlo, como si fuera la primera vez…

Tecnologías biomédicas y dignidad humana

Gran parte del saber en ciencias biológicas se caracteriza, entre otras cosas, por hacer intervenciones en los organismos para obtener ciertos efectos deseados... Sin embargo, esto por sí mismo no entrega una guía acerca de qué intervenciones promueven la dignidad de la persona y cuáles la degradan. En consecuencia, se hace imperativa una reflexión bioética que ilumine los aspectos valóricos de los cursos de acción posibles.

Esperando el verdor verdadero

Paz Cox Irarrázaval

Año III, Nº 52.

viernes 10 de septiembre, 2021

"En primavera Dios nos regala renovada esperanza, manifestada en vitalidad desbordante de brotes verdes y más colores "

La primavera es suma de detalles que en conjunto la hacen una estación única y valorada por todas las culturas y en todos los tiempos. Nos invita luego del invierno, a gozar de los paisajes, caminar por ahí con nuevos ojos, calentarnos al sol, ver colores y texturas, sentir aromas, sonidos, conversaciones y risas de niños en espacios abiertos.

Todas las personas gozamos de los paisajes, por diversos que sean éstos. Como un hecho simple y cotidiano, que se explica porque los elementos que los componen, formas, colores, texturas, poseen una organización de cualidades expresivas que percibimos desde siempre como positivas, armónicas y portadoras de belleza.

Nuestros ojos son la entrada a la posibilidad de captar estas propuestas armónicas sugerentes, gozarlas y emocionarnos con ellas.

La diversidad de los paisajes de Chile, naturales o construidos: campos, ciudades o pueblos, con su rica muestra de colores, los convierten en escenarios magníficos para los encuentros humanos que vitalizan y confortan el alma.

Reverdecer, empezar ciclos nuevos, con alegría y esperanza viva, confiar como hijos en el Padre, que nos da siempre lo que es bueno.

Prima-vera, primer verdor, primera verdad que renueva la vida, trae irresistible invitación a abrir puertas y ventanas, salir a verla, a buscar y dar los abrazos guardados por tanto tiempo, a contemplar su amplia oferta.

La primavera no nos requiere, no nos pide nada a cambio, sólo llega y nos trae regalos: suma de detalles amorosos del Creador, armonías, paisajes repintados y brillantes, que se adentran en nuestras emociones sin permiso, como los dedales de oro que crecen entre las piedras de la orilla del camino. Esto nos recuerda lo que dice el papa Francisco “Ahí está, viene otra vez, lucha por florecer de nuevo. La resurrección de Cristo provoca por todas partes gérmenes de ese mundo nuevo; y aunque se los corte, vuelven a surgir, porque la resurrección del señor ya ha penentrado la trama oculta de esta historia, porque Jesús no ha resucitado en vano. ¡No nos quedemos al margen de esa marcha de la esperanza viva!” (EG, 278).

Este llamado es a disponernos con voluntad a nuestra propia primavera, que nos ayude a dejar miedos y penas luego de este largo tiempo. Reverdecer, empezar ciclos nuevos, con alegría y esperanza viva, confiar como Esperanza firme y fecunda, como dice Gabriela Mistral, en su poema del libro Ternura (1924) Doña Primavera de aliento fecundo, se ríe de todas las penas del mundo”.

Esperada primavera desde siempre, en todos los tiempos, nos llamará a salir a ver lo nuevo que nos trajo mientras estábamos adentro.

Luego del duro invierno de tiempos pandémicos, dolores y encierros, de no vernos, el papa Francisco, en Fratelli Tutti nos anima a cultivar con voluntad la esperanza: “Invito a la esperanza, que nos habla de una realidad que está enraizada en lo profundo del ser humano, independientemente de las circunstancias concretas y los condicionamientos históricos en que vive. Nos habla de una sed, de una aspiración, de un anhelo de plenitud, de vida lograda, de un querer tocar lo grande, lo que llena el corazón y eleva el espíritu hacia cosas grandes, como la verdad, la bondad y la belleza, la justicia y el amor” (FT 55).

Esperanza cierta, inexorable, que irrumpe en nuestro invierno, trayendo señales de brotes verdes que hablan de más colores, cosechas y alimentos. Esperada primavera desde siempre, en todos los tiempos, nos llamará a salir a ver lo nuevo que nos trajo mientras estábamos adentro.

A esperar confiados entonces, el verdor verdadero, el que nos trae siempre nuestro Padre bueno. ¿Seremos capaces de perseverar en la esperanza, aunque todo a nuestro alrededor parezca tan incierto? ¿Podremos dejar en manos de Jesús nuestras penas y miedos, con humildad y confianza? ¿Qué espera Jesús de mí en este tiempo? ¿Qué puedo aportar a los demás?

 

 

“Fijaos en los lirios del campo, como ni hilan ni tejen. Pero yo os digo que ni Salomón en toda su gloria se vistió como uno de ellos. Pues si la hierba que hoy está en el campo y mañana se hecha al horno, Dios así la viste, ¡cuanto más a vosotros hombres de poca fe¡”
(Lucas 12 (27-28))

Paz Cox Irarrázaval
Profesora de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Estudios

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