Otras reflexiones

Su voluntad en mi camino

“Queriendo probar el servicio de la universidad, para los trabajos de verano me recomendaron el proyecto Viviendas, que busca construir casas y aliviar un poco el déficit habitacional. Aquí no solo entendí que lo que le faltaba a mi corazón era el encuentro con Dios, sino que también encontré un grupo de voluntarios que me marcó y que me ayudó a encontrar el inicio del camino que buscaba”.

Migrar, un camino de fe

"Tomar la decisión de migrar es, en muchos casos, un verdadero salto de fe. Es caminar sin tener todas las certezas, confiar sin controlar el futuro, creer que Dios va delante, aun cuando el camino no se ve claro".

El anuncio de siempre, como nunca

El primer anuncio no es únicamente el inicio de la fe: es su fuente constante de sentido y alegría. No está reservado a quienes nunca han oído hablar de Cristo, sino que también alcanza a quienes necesitamos volver a escucharlo, como si fuera la primera vez…

Tecnologías biomédicas y dignidad humana

Gran parte del saber en ciencias biológicas se caracteriza, entre otras cosas, por hacer intervenciones en los organismos para obtener ciertos efectos deseados... Sin embargo, esto por sí mismo no entrega una guía acerca de qué intervenciones promueven la dignidad de la persona y cuáles la degradan. En consecuencia, se hace imperativa una reflexión bioética que ilumine los aspectos valóricos de los cursos de acción posibles.

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Inteligencia artificial con rostro humano

Gabriela Arriagada G.

Año VII, N° 201

viernes 17 de octubre, 2025

La IA no es solo un conjunto de herramientas: implica modelos de sociedad. No actúa por sí misma; es diseñada, entrenada y utilizada por personas, dentro de sistemas que con frecuencia reproducen desigualdad, exclusión o anonimato. Por eso, la tecnología necesita ser iluminada por la fe cristiana.

En un mundo marcado por vertiginosos avances tecnológicos, donde la inteligencia artificial crece y se expande, es necesario detenernos y, con prudencia, preguntarnos si su llegada representa un verdadero bien para cada persona y para la sociedad en su conjunto. Vivimos rodeados de información, algoritmos y sistemas que predicen e influyen en nuestros gustos, comportamientos y decisiones, alterando nuestra manera de ser, de vivir y de estar presentes, tanto con nosotros mismos como con los demás.

El gran riesgo de confiar ciegamente en sistemas automáticos es que terminemos ciegos al prójimo. Mirar la sociedad con la misericordia de Cristo significa reconocer que las personas no son datos, sino seres frágiles, vulnerables y portadores de dignidad.

Hoy podemos procesar datos y acceder a información como nunca antes en la historia de la humanidad. Sin embargo, como recordó el Papa León XIV: “La verdadera sabiduría tiene más que ver con reconocer el verdadero sentido de la vida que con la disponibilidad de datos” (Mensaje del Santo Padre León XIV a los participantes en la Segunda Conferencia Anual sobre Inteligencia Artificial, Ética y Gobernanza Empresarial, 20 de junio de 2025). Esta afirmación es una brújula para reflexionar con profundidad sobre lo que está en juego con la inteligencia artificial: una invitación a la pausa, la deliberación y la reflexión ética.

La IA no es solo un conjunto de herramientas: implica modelos de sociedad. No actúa por sí misma; es diseñada, entrenada y utilizada por personas, dentro de sistemas que con frecuencia reproducen desigualdad, exclusión o anonimato. Por eso, la tecnología necesita ser iluminada por la fe cristiana, que nos impulsa a evaluarla y contextualizarla desde lo esencial: ¿nos ayuda la IA a vivir con más justicia y esperanza?

Cuando imaginamos la IA como algo “neutral” u “objetivo”, olvidamos que su desarrollo refleja decisiones humanas, y que no existe técnica sin contexto, sin relaciones ni impactos. El gran riesgo de confiar ciegamente en sistemas automáticos es que terminemos ciegos al prójimo. Mirar la sociedad con la misericordia de Cristo significa reconocer que las personas no son datos, sino seres frágiles, vulnerables y portadores de dignidad. Es mirar a cada uno con atención y compasión, recordando las palabras del Evangelio: “El sábado ha sido hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado” (Mc 2,27). Aplicado a nuestra época, esto nos recuerda que la tecnología debe estar al servicio de las personas, y no las personas al servicio de la tecnología.

En tiempos de decisiones automatizadas, el llamado es a vivir una ética de la presencia y del encuentro: mirar, escuchar, cuidar. Solo así la IA podrá potenciar lo humano, en lugar de sustituirlo o distorsionarlo, y hacerlo con justicia, humildad y sentido.

En tiempos de decisiones automatizadas, el llamado es a vivir una ética de la presencia y del encuentro: mirar, escuchar, cuidar. Solo así la IA podrá potenciar lo humano, en lugar de sustituirlo o distorsionarlo, y hacerlo con justicia, humildad y sentido. Ser prudentes con la IA no es rechazarla, sino formular las preguntas necesarias: ¿quién queda fuera cuando un algoritmo decide?, ¿qué voces no fueron escuchadas al diseñarlo?, ¿cómo evitar que la eficiencia oculte el sufrimiento de los últimos?

Estas preguntas nos invitan a no delegar en una máquina lo que es propio del corazón humano: el amor a uno mismo y al prójimo.

“Que los fieles cristianos, los creyentes de distintas religiones y los hombres y mujeres de buena voluntad puedan colaborar en armonía para aprovechar las oportunidades y afrontar los desafíos que plantea la revolución digital, y dejar a las generaciones futuras un mundo más solidario, justo y pacífico”.

Mensaje de su Santidad Francisco para la celebración de la 57a Jornada Mundial de la Paz, 1 de enero de 2024.

Gabriela Arriagada G.
Profesora asistente del Instituto de Éticas Aplicadas e Instituto de Ingeniería Matemática y Computacional de la UC.

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