Otras reflexiones

Fraternidad y comunidad

'La paz social no puede entenderse como un irenismo o como una mera ausencia de violencia lograda por la imposición de un sector sobre los otros'. - S.S. Francisco. Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, 24 de noviembre de 2012

Pandemia, pobreza y trabajo

El hombre con sentido social no espera que se presenten ocasiones extraordinarias para actuar. Todas las situaciones son importantes para él, pues repercuten en sus hermanos… -San Alberto Hurtado

Solidaridad para Chile

En verdad, en verdad les digo que cuanto hicieron a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicieron. (Mt 25, 40)

Diálogo interreligioso y ecuménico

La fe lleva al creyente a ver en el otro a un hermano que debe sostener y amar. Por la fe en Dios, que ha creado el universo, las criaturas y todos los seres humanos —iguales por su misericordia—, el creyente está llamado a expresar esta fraternidad humana, protegiendo la creación y todo el universo y ayudando a todas las personas, especialmente a las más necesitadas y pobres.

La dignidad del trabajo

Teresita Tagle Quiroz

domingo 24 de mayo, 2020

"El Padre Hurtado nos llama a “… comprender la dignidad del trabajo humano, como tarea fundamental de la educación social.”"

El trabajo es una característica esencial de la persona, pues solo ésta lo ejerce, por eso hay que mirarlo, revisarlo y hablarlo. Los invito a hacerlo en 5 pasos.

  1. La alegría de trabajar. Trabajar es participar en la creación del mundo. Es ser y hacernos mejores personas. Toda actividad importa, debe hacerse y tratarse como valor,“el primer fundamento del valor del trabajo es el hombre mismo, su sujeto” (Laborem Excercens, San Juan Pablo II). Tenemos que proponernos una actitud de alegría y servicialidad frente a todo aquel que trabaja. ¡Alegría debemos sentir de poder trabajar! Trasmitamos a quienes nos rodean que trabajar es una oportunidad de compartir y construir una mejor sociedad. “Trabajando nos volvemos más personas. Nuestra humanidad florece. El trabajo es fuente de dignidad” (S.S. Francisco, homilía 1 mayo 2018).
  2. Familia, escuela de trabajo. En la familia se aprende a trabajar, a ser responsable de nuestras tareas y responder por nuestros actos. Cada uno debe tener responsabilidad en su casa y saber la importancia del trabajo bien hecho. Siempre es bueno cooperar y ayudarse entre hermanos, papás y abuelos. Darle una mano a quien está en dificultad o cansado. “La familia es, al mismo tiempo, una comunidad hecha posible gracias al trabajo y la primera escuela interior de trabajo para todo hombre.” (Laborem Excercens, San Juan Pablo II). Compartamos de nuestro trabajo al llegar a casa, acerca de las actividades del día, no sólo quejas y cansancio. No enseñemos a reclamar, sino a agradecer.

    Trasmitamos a quienes nos rodean que trabajar es una oportunidad de compartir y construir una mejor sociedad.

  3. El buen trato es un condicionante para el trabajo. Hagamos una cadena de Buen Trato. Nuestra sociedad vive una crisis de falta de amabilidad, de cortesía y por ende de confianza. Empecemos por un cambio, intentemos saludar siempre, hacer algún comentario simpático a quien nos atiende o a quienes vemos trabajando, en la calle o el bus, cuando entramos a un baño público o al ascensor. Visibilicemos y demos unos buenos días a la vendedora del mall, al guardia de la farmacia y al portero del colegio. Y así, a tantos rostros que durante el día pasamos sin ver. Invitemos un café o un vaso de jugo a todo el que entre a nuestra casa a realizar un trabajo. Hablar, comentar, conversar, sonreír y mirar a los ojos, harán un cambio al ánimo de todo el que trabaja o presta un servicio. Tratar bien dignifica el trabajo. Mostremos respeto y amor por el otro, en mil gestos de cada día.
  4. La falta de trabajo. Nos permite acompañar y escuchar a quién está viviendo esa situación, compadecer y acoger al otro, ayudarle a buscar nuevas oportunidades, nunca perder la esperanza.
    Los problemas de salud afectan directamente al trabajo, la paralización de actividades aún más, necesitamos un espíritu solidario y de comunidad. Busquemos gestos concretos, tendamos la mano y estemos atentos, ¡siempre se puede ayudar!

    Tratar bien dignifica el trabajo. Mostremos respeto y amor por el otro, en mil gestos de cada día.

    Trabajar desde la casa, el teletrabajo, puede ser una posibilidad, pero no resulta para todos. Tampoco todos los servicios se pueden prestar virtual. Respetemos a aquellos que sienten que la tecnología los supera e intentemos ayudarles. “Descubrir el sentido social de cada trabajo…creando una mística del trabajo escolar, manual, profesional” (San Alberto Hurtado).
    Esto nos permite valorar nuestro propio trabajo, seamos responsables, agradecidos de tenerlo y busquemos crear vínculos con nuestros compañeros de labores, especialmente con aquellos que han llegado de otras ciudades y/o culturas.

  5. Tomemos un propósito. Conversemos sobre el trabajo, propongámonos una acción positiva para cada día. Puede ser: saludar, realizar un comentario positivo; relatarles mi historia laboral a mis hijos ¡Elige una tarea! Compartamos luego la experiencia. Les aseguro que se sentirán alegres. Podrán decir como el Padre Hurtado: “Contento, Señor contento:”
    ¿Cómo es mi actitud frente al trabajo, frente a las personas con quienes trabajo? ¿Cuáles de estos 5 pasos creo que diariamente realizo? ¿hay algún otro paso que podría implementar?

«Como base del florecimiento humano, el trabajo es clave para el desarrollo espiritual.
Según la tradición cristiana, éste es más que una simple labor; es, sobre todo, una misión».

S.S.Francisco. Carta a los participantes en la Conferencia Internacional De la Populorum
Progressio a la Laudato si’, Noviembre de 2017.

Teresita Tagle Quiroz
Profesora de la Facultad de Derecho de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

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