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Nuevos caminos
para aportar

Marisol Urrutia L.

Año IV, N° 80.

viernes 7 de octubre, 2022

"Un camino en el que gane el sentido común en una cultura en la que a veces parece primar la fragilidad de pensamiento y la ausencia de fortaleza".

En nuestra cultura actual podemos ver que a veces prima lo superfluo, la liquidez o lo transitorio, y que corremos algunos riesgos como es el dejar de aspirar a ser mejores personas para quedarnos en lo que nos dicta la moda, la opinión imperante o los consensos provisorios.

De esta manera, la aceptación social se nos puede presentar como el mayor valor a seguir, resultando más fácil y conveniente el dejarse llevar por aquellos criterios y consensos que parecen mayoritarios, que hacen perder a veces el sentido de la verdad y someten los hechos a intereses particulares. La verdad entonces se asimila más bien sólo a aquello que se presenta como lo más ventajoso para cada uno.

Quienes anhelan desmarcarse de estos consensos que parecen buscar establecer los criterios de la felicidad corren el riesgo de ser cancelados socialmente. Los valores, aquellos a los que aspiramos, si bien pueden desearse, deben quedar reducidos a la esfera de la intimidad sin ser expuestos ni defendidos en el ámbito público.

El elevar la mirada hacia Dios y lo trascendente es lo que nos permite que nuestra sociedad y las comunidades puedan contar con el aporte original y único de cada persona que la integra.

El contar con convicciones y un carácter valiente, definida la valentía por Aristóteles como aquel punto medio entre la temeridad y la cobardía, nos permite marcar un camino aun cuando este vaya en contra de la opinión que parece predominar, o de lo social y culturalmente de moda y, por tanto, de lo provisorio. Un camino en el que gane el sentido común en una cultura en la que a veces parece primar la fragilidad de pensamiento y la ausencia de fortaleza. Esto es clave para la aventura humana y para la travesía más importante como es aquella que emprendemos hacia nuestro interior, pero también para poder contar con una sociedad verdaderamente democrática y abierta.

El elevar la mirada hacia Dios y lo trascendente, para crecer en actitud y en nuestro actuar, con disposición para enfrentar los inconvenientes y adversidades que puedan presentarse, es lo que nos permite que nuestra sociedad y las comunidades puedan contar con el aporte original y único de cada persona que la integra, donde cada una tenga el atrevimiento y la voluntad de ser mejor, alejándose de la pequeñez y de vivir la vida de cualquier manera.

La experiencia humana debemos vivirla con ilusión, esperanza y alegría, para avanzar con convicción y valentía en la práctica de un modo de ser que, siguiendo el modelo de Cristo, nos permita ser mejores para contribuir al bien común y al de los demás cada día.

La virtud tiene una gran importancia en la vida ética, la que implica fuerza, valor y excelencia, lo que no dice relación con vivir preocupados sólo de las reglas, y de seguir una misma fórmula o receta, sino que se refiere a salir de la normalidad impuesta para poder ser mejores aportando al bien común, permitiendo el convertir nuestras vidas en una ofrenda agradecida de la redención recibida y en un testimonio vivo de nuestra fe.

El Papa Francisco nos advierte del riesgo de volvernos seres adormecidos, ensimismados, de placer vacío, dependientes del consumo, obsesionados por el tiempo libre o encerrados en la negatividad.

El Papa Francisco, en su Exhortación Apostólica Christus Vivit,  por medio del extraordinario ejemplo de vida de Carlos Acutis, nos advierte del riesgo de volvernos seres adormecidos, ensimismados, de placer vacío, dependientes del consumo, obsesionados por el tiempo libre o encerrados en la negatividad, lo cual sucede frente a los mecanismos de atontamiento que nos dejan sin brindar los dones que el Señor ha dado, y de ofrecerle a este mundo esas capacidades tan personales y únicas que Dios ha sembrado en cada uno.

Cabe que nos preguntemos entonces: ¿Somos solo un eco de las opiniones dominantes que parecen estar de moda? ¿Son nuestras actuaciones producto de una reflexión y de un querer ser mejores? ¿Estamos haciendo nuestro mayor esfuerzo para aportar al bien común desde nuestras capacidades o nos contentamos con lo que resulta más fácil y que nos da alegrías pasajeras o aceptación social?

“No debe caerse en la tentación de creer que la Iglesia se renueva si acaso cede a todo lo que el mundo le ofrece y esconde su mensaje mimetizándose con los demás”. “La Iglesia se renueva y es joven cuando es ella misma, y es capaz de volver una y otra vez a su fuente”.
(Papa Francisco, Exhortación Apostólica Christus Vivit).

Marisol Urrutia L.
Pro Secretaría General,
Pontificia Universidad Católica de Chile

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