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“El Hijo de Dios con su encarnación se ha unido, en cierto modo, con todo ser humano. Trabajó con manos humanas, pensó con inteligencia humana, obró con voluntad humana, amó con corazón humano” (GS 22).

María, mujer fundamental en el camino sinodal

“Todas las palabras de la Virgen son las palabras de una madre, desde el momento de la Anunciación hasta el final, es madre”* .

«Dejad que los niños vengan a mí» (Mc 10,14)

“Los niños no conocen la Ley, imprescindible para la salvación, por eso que los mismos discípulos los apartan de Jesús y los reprenden; pero Jesús nos obliga a cambiar de lógica, nos sorprende pidiendo la cercanía de los niños y poniéndolos como ejemplo, hay que ser como ellos para recibir el Reino.”

Redes sociales: oportunidad para una Iglesia misionera

Rayén Condeza

Año IV, Nº 71.

viernes 3 de junio, 2022

“Somos artesanos, tejedores de la red. El Espíritu Santo nos guía en esta misión, nos ilumina para discernir cómo comunicar, para decidir a diario cómo interactuamos con otros”.

La alegría del Evangelio es misionera, llena el corazón y la vida entera de quienes se encuentran con Jesús, nos dice el papa Francisco. Cada persona está invitada a comunicar la buena nueva, portar esa semilla e invitar a los demás a buscarla en la propia fuente.

En su infinita generosidad, Dios nos ha dado el don de la comunicación, entre muchos regalos. Somos artesanos, tejedores de la red. El Espíritu Santo nos guía en esta misión, nos ilumina para discernir cómo comunicar, para decidir a diario cómo interactuamos con otros. Cuando nos comunicarnos de manera transparente, inclusiva, acogedora, sin exclusiones y en paz, volvemos esa red que nos une aún más fuerte. Así, juntos vemos florecer, como católicos, comunidades cristianas más diversas y renovadas en la fe.

Comunicar a través de las redes sociales es una forma moderna de apostolado.

Hoy, con las redes sociales, la mayoría de nosotros tiene la inmensa oportunidad de multiplicar esta alegría misionera y los mensajes de esperanza para llegar al corazón de las personas. Francisco dice que estas también son un espacio de encuentro, más allá del Templo. En este tiempo de pandemia las redes sociales permitieron comunicarnos con nuestros seres queridos, a pesar de estar separados físicamente por las cuarentenas.

En las redes sociales, cada uno es como un medio de comunicación. Somos libres de comunicarnos con otros, sin presencia física ni con intermediarios. En ese sentido, comunicar a través de las redes sociales es una forma moderna de apostolado, que demanda de cada uno de nosotros la responsabilidad de hacernos cargo de su uso bueno y justo y de ver en cada uno de nuestros interlocutores el rostro de Cristo.

El papa Francisco, uno de los líderes con más seguidores en las redes sociales, nos llama a que “hagamos que Internet sea un lugar rico de humanidad y seguro para los menores, una red que no aprisiona, sino que ayuda a crecer” (Publicado en @Pontifex_es el 6 octubre de 2017). También nos dice que “la comunicación contribuye a dar forma a la vocación misionera de toda la Iglesia y que las redes sociales son hoy uno de los lugares donde vivir esta vocación, redescubriendo la belleza de la fe, la belleza del encuentro con Cristo” (XLVIII Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales).

Las redes sociales son hoy uno de los lugares donde vivir la vocación misionera, redescubriendo la belleza de la fe, la belleza del encuentro con Cristo.

El espacio digital es también el reino de las imágenes. La velocidad e inmediatez de los mensajes en las redes sociales nos pueden hacer actuar de manera reactiva e impulsiva. Sentir que debemos estar siempre conectados desdibuja nuestra rutina diaria con los demás y podemos perder el valor del silencio, la pausa cotidiana, dos situaciones para cultivar la dimensión espiritual y la oración en nuestro encuentro con Cristo. El culto a las imágenes perfectas, que no reflejan la realidad, puede producir una distorsión de la propia vida de las personas, particularmente en los niños, niñas y adolescentes, y una pérdida de confianza en su autoimagen. El papa Francisco también se preocupa por la proliferación de las noticias falsas y por los discursos de odio que pululan en las redes sociales, ruidosas y confusas, que entran en nuestra vida sin filtros, cuando no tenemos consciencia de ello. ¿Por qué a veces sentimos que para ser vistos o escuchados necesitamos exponer nuestra imagen en las redes sociales, aspectos de nuestra vida privada en el espacio público, referirnos a otros o depender de los likes para sentirnos vivos?

El Espíritu Santo está siempre con nosotros y anima a nuestra Iglesia. Abramos nuestros corazones a su presencia, para que nos guíe como integrantes de una Iglesia misionera, hoy en gran medida de salida a través de las redes sociales. Aprovechemos sus innumerables beneficios y develemos los usos no positivos. Esto nos lleva a preguntarnos: ¿qué tipo de mensajes, formas de encuentro y tipo de comunidades cristianas estamos construyendo cuando nos comunicamos en las redes sociales? ¿A qué contenidos prestamos atención y cuáles propagamos de forma responsable?

 “La metáfora de la red, trasladada a la dimensión antropológica, nos recuerda otra figura llena de significados: la comunidad. Cuanto más cohesionada y solidaria es una comunidad, cuanto más está animada por sentimientos de confianza y persigue objetivos compartidos, mayor es su fuerza. La comunidad como red solidaria precisa de la escucha recíproca y del diálogo basado en el uso responsable del lenguaje”.

Papa Francisco
(LIII Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales).

Rayén Condeza
Profesora de la Facultad de Comunicaciones UC

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