Otras reflexiones

“Si Conocieras el Don de Dios”, Jn 4,10

“La vivencia de los sacramentos tiende hoy a postergarse: la vorágine del tiempo, la proliferación de lo digital, la facilitación de la oferta, la liquidez de las relaciones y tantos otros factores invitan a expresiones más volátiles y fugaces en la vida en general. Dentro de ello, la experiencia religiosa intenta levantar la sobrenaturalidad de lo humano, y lucha por mostrarnos el don de Dios expresado en la faz de Jesús de Nazaret”.

“Vulnerabilidad humana y responsabilidad por los demás”

“Y, por otro lado, si hemos de decir la verdad, nadie aspira a ser ese ser humano vulnerable al que aludimos, ya sea anciana, niño, pobre, migrante, discapacitada, o expuesto. No es popular el ser vulnerable en el ideario social contemporáneo”.

Hablar de vocación es hablar de un llamado al amor

“La vocación es un llamado que Dios hace en lo más íntimo de nuestro ser. Es un llamado a la plenitud. Es un llamado único y original que tiene relación con los anhelos más profundos que Dios ha puesto en el corazón de cada uno de nosotros”.

La interculturalidad como vehículo de cohesión social en la vida parroquial

“Chile hoy es un país más diverso desde el punto de vista cultural. En torno a un 20% de la población se autoidentifica como una persona perteneciente a algún pueblo originario, o bien, como parte de alguna comunidad migrante o extranjera”.

Tiempo, un don para la escucha

Hna. Patricia Rojas

Año VI, N° 131

viernes 14 de junio, 2024

“Más allá de nuestros frenéticos anhelos de usar bien el tiempo y no perder ni un minuto, está la realidad de que el tiempo es un don de Dios, que Él gratuitamente nos concede y que nos invita a vivirlo en comunión con Él”.

“Comienzan los relojes a maquinar sus prisas; y miramos el mundo. Comienza un nuevo día. Comienzan las preguntas, la intensidad, la vida; se cruzan los horarios. Qué red, qué algarabía”. Estas primeras estrofas de la Oración de la Mañana (Laudes) reflejan la realidad de tantos que iniciamos nuestra jornada empeñados en llevar a cabo nuestras obligaciones, proyectos y tareas cotidianas. Con facilidad podemos experimentar la sensación de que “el tiempo no nos alcanza”, “tenemos poco tiempo” o simplemente “no tenemos tiempo”. Más allá de nuestros frenéticos anhelos de usar bien el tiempo y no perder ni un minuto, está la realidad de que el tiempo es un don de Dios, que Él gratuitamente nos concede y que nos invita a vivirlo en comunión con Él. De ahí que la siguiente estrofa de la Oración diga así: “Mas tú, Señor, ahora eres calma infinita. Todo el tiempo está en ti como una gavilla”. El Señor es el Señor del tiempo, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible (Credo niceno constantinopolitano).

Pidamos que podamos nosotros también ser instrumentos de paz, de sanación, de amor, donando de nuestro tiempo para acoger y escuchar.

Dios nos envió a su Hijo en la plenitud de los tiempos (cfr. Gal 4,4), Él nos salvó en el tiempo y en el tiempo quiere encontrarnos. Es así como encontró a la samaritana, a María Magdalena y a los peregrinos de Emaús. Jesús por primero nos da el ejemplo y nos invita a hacer nosotros lo mismo. Nos llama a reconocer que Él se hace presente en nuestras vidas como don y nos invita a ser don para los demás, regalando de nuestro tiempo a quien lo necesite; transformando así nuestro tiempo en servicio.

Dios nos envió a su Hijo en la plenitud de los tiempos (cfr. Gal 4,4), Él nos salvó en el tiempo y en el tiempo quiere encontrarnos. Es así como encontró a la samaritana, a María Magdalena y a los peregrinos de Emaús. Jesús por primero nos da el ejemplo y nos invita a hacer nosotros lo mismo.

Pensemos en las veces en que nos hemos sentido escuchados, acogidos; cuando de corazón hemos dicho: “gracias por escucharme”, “gracias por tu tiempo” y pidamos que podamos nosotros también ser instrumentos de paz, de sanación, de amor, donando de nuestro tiempo para acoger y escuchar. Que podamos crecer cada día en esta capacidad de escucha, de silencio compartido, conscientes que es un noble servicio, entregar lo mejor de nosotros, ser capaces de donar del “tesoro de nuestro tiempo” para que otros puedan hacer la experiencia del bálsamo del consuelo que viene del sentirse escuchado y acogido. Que a través de estas vivencias, el Resucitado, Señor del tiempo, Dios del amor y del consuelo, plenifique y llene de sentido nuestros días.

Nos ayudaría preguntarnos: ¿Cómo está mi capacidad de escucha? ¿Creo que el donar parte de mi tiempo para escuchar al hermano que lo necesite es un acto de entrega y de servicio? ¿Cómo podría mejorar mi disposición para escuchar lo que emerge del corazón del otro?

“Todo tiene su momento, y cada cosa su tiempo bajo el cielo”

Eclesiastés 3, 1.

Hna. Patricia Rojas
Acompañamiento en Salud de Hospital UC

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