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"La Cuaresma, que comienza este miércoles, es un tiempo privilegiado para disponer nuestro corazón para vivir el misterio central de nuestra fe: la muerte y resurrección de Cristo".

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Del daño a la dignidad. La vida de las mujeres privadas de libertad

Verónica Undurraga S.

viernes 6 de marzo, 2026

“Y viví como un ermitaño dentro de un hoyo de un cementerio”. Así fue la adolescencia de “Jacky” (pseudónimo), una de las 33 mujeres privadas de libertad que nos relataron sus historias para escribir el libro “Salir del infierno. Historias de mujeres y cárcel”. Escucharlas fue una de las experiencias más significativas de mi vida. Implicó reconocerme en muchas de sus emociones, como las de una madre que anhela lo mejor para sus hijos, al mismo tiempo que involucró conmoverme ante miedos y dolores que jamás he experimentado. Entre estos se encontraba la angustia de tener que abandonar a los hijos para cumplir una condena de cárcel o tener que sobrellevar vivencias extremas desde la infancia.

Una de las tantas cosas que aprendí escribiendo este libro, junto a Ana María Stuven e Ingrid Bachmann, fue que las mujeres que han estado privadas de libertad no deben encasillarse a partir de esta categoría. Sus historias no empiezan ni se significan desde que reciben su condena, pues antes de esto ellas fueron niñas y adolescentes que compartieron múltiples marcas de marginalidad.  Vulneraciones, abusos, maltratos, pobreza, entornos peligrosos, baja escolaridad, maternidades tempranas, padres y parejas ausentes, la responsabilidad del cuidado de hermanos pequeños, madres enfermas y luego, en soledad, de sus hijos. Es justamente esta monoparentalidad la que, por lo general, las lleva a incurrir en el delito: inicialmente robando pañales y leche para sus bebés, como “mecheras” en supermercados, para luego incurrir en el microtráfico de drogas, que pueden ejercer desde sus casas sin tener que dejar a sus hijos para salir a trabajar.

Esta aproximación no busca justificar la delincuencia, sino entender por qué las mujeres llegaron a ella, poniendo atención a sus historias. “Mujeres dañadas y que hacen daño” fue una categoría que acuñó la socióloga Kathleen Daly para explicar que una mujer no nace delincuente, sino que llega a serlo luego de una historia de vulneraciones. Algunos podrían señalar que este no es un problema prioritario, considerando que actualmente las mujeres representan el 8,3% de la población penal en Chile, aunque en los últimos años esta cifra se ha incrementado de manera más pronunciada que la de los hombres. Pero más allá de los indicadores, esta realidad es un problema que nos interpela como sociedad y como cristianos, pues involucra su dignidad, la vida de sus hijos y nuestra propia humanidad.

El Papa Francisco, en su visita al Centro Penitenciario Femenino de San Joaquín, el 16 de enero de 2018, indicó con claridad: “Ser privado de libertad no es lo mismo que el estar privado de la dignidad, no, no es lo mismo. La dignidad no se toca a nadie, se cuida, se custodia, se acaricia. Nadie puede ser privado de la dignidad”. Era la primera vez que un Papa visitaba una cárcel de mujeres en su pontificado. El gimnasio del recinto penal se adornó con cientos de grullas de papel, como símbolo de esperanza , y la bendición que el Papa dio a las mujeres embarazadas y a sus bebés conmovió a quienes estaban presentes y a aquellos que vimos la imagen por televisión.

Junto con hablar de dignidad, de fuerza y de esperanza, el Papa Francisco recordó las palabras de Cristo en San Juan 8,7: “’El que no tenga pecado, que arroje la primera piedra’. Él nos invita, Jesús, a dejar la lógica simplista de dividir la realidad en buenos y malos, para ingresar en esa otra dinámica capaz de asumir la fragilidad, los límites e incluso el pecado, para ayudarnos a salir adelante”. Por ello, el llamado es a pensar ¿hemos sido capaces de ver la humanidad y la dignidad de las más marginadas? ¿Dónde estuvimos como sociedad cuando estas mujeres sufrían vulneraciones en su niñez y juventud? ¿Qué podemos hacer ahora por ellas, sus hijos y las niñas en contextos de riesgo?

“Ustedes están privadas de la libertad. De ahí que es necesario luchar contra todo tipo de corsé, de etiqueta que diga que no se puede cambiar, o que no vale la pena, o que todo da lo mismo (…) Cada esfuerzo que se haga por luchar por un mañana mejor —aunque muchas veces pareciera que cae en saco roto— siempre dará fruto y se verá recompensado”.

Papa Francisco. Visita al Centro Penitenciario Femenino de San Joaquín, Santiago de Chile, 16 de enero de 2018.

Verónica Undurraga S.
Académica del Instituto de Historia de la Pontificia Universidad Católica de Chile

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