Otras reflexiones

Tecnologías biomédicas y dignidad humana

Gran parte del saber en ciencias biológicas se caracteriza, entre otras cosas, por hacer intervenciones en los organismos para obtener ciertos efectos deseados... Sin embargo, esto por sí mismo no entrega una guía acerca de qué intervenciones promueven la dignidad de la persona y cuáles la degradan. En consecuencia, se hace imperativa una reflexión bioética que ilumine los aspectos valóricos de los cursos de acción posibles.

El ardor de la esperanza

Este año no empezó el primero de enero. En nuestros corazones y en la Iglesia, comenzó como siempre: con un Dios hecho niño en Belén. Así iniciamos un Año Jubilar que transformaría vidas, desde lo cotidiano hasta lo extraordinario.

Escuchar el clamor y ver el rostro herido de los pobres Reflexión a partir de Dilexi te, exhortación apostólica de León XIV sobre el amor hacia los pobres.

“En los pobres [Cristo] sigue teniendo algo que decirnos” (DT, 5).

La ofensa y la dignidad humana

Mientras la ofensa hacia el prójimo, tanto en su variable presencial como virtual, se da en términos de pérdida de reciprocidad del respeto, la ofensa hacia Dios, las instituciones y los valores morales se da con un evidente desconocimiento del orden de la relación.

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El anuncio de siempre, como nunca

Camila Salinas P.

Año VIII, N° 212

viernes 2 de enero, 2026

El primer anuncio no es únicamente el inicio de la fe: es su fuente constante de sentido y alegría. No está reservado a quienes nunca han oído hablar de Cristo, sino que también alcanza a quienes necesitamos volver a escucharlo, como si fuera la primera vez…

¿Y si el anuncio de Jesús no fuera solo una buena noticia… sino una noticia nueva?

El primer anuncio no es únicamente el inicio de la fe: es su fuente constante de sentido y alegría. No está reservado a quienes nunca han oído hablar de Cristo, sino que también alcanza a quienes necesitamos volver a escucharlo, como si fuera la primera vez… ¿Cómo así?

Jesús anuncia invitando, no simplemente explicando. Apunta al corazón, a lo relacional, no solo al comportamiento externo.

Sí, cada generación necesita escucharlo en su propio idioma y contexto. Pero no se trata de “encarnar” el Evangelio, como si pudiera cambiar de cuerpo, sino de reconocer con humildad que ya tiene carne: la de Jesucristo, el Hijo hecho hombre, que se hace presente hoy y siempre. Nuestra misión no es adaptarlo a gusto, sino anunciarlo allí donde vive y actúa hoy: en nuestro contexto, en nuestra historia, en nuestras heridas, gozos y búsquedas.

Es fidelidad y creatividad, algo no tan fácil. Jesús bien supo de esto al llamar y los apóstoles, al escuchar (y luego también al anunciar). Pensemos en el ejemplo de Mateo: Jesús pasa, lo ve en la mesa de impuestos —lugar despreciado, moralmente ambiguo y religiosamente impuro— y le dice: “Sígueme”. Una palabra que irrumpe en su vida. Esto hace pensar que, sencillamente, no existe “el tipo de persona que Jesús no habría llamado”; algo difícil de captar para el mundo del descarte.

El anuncio no es solo un comunicado, no se puede comparar a un mensaje de Whatsapp o titular de noticia, porque es un signo de salvación. Se trata de algo que acontece, en el tiempo y en la historia.

Algo esencial: Jesús anuncia invitando, no simplemente explicando. Apunta al corazón, a lo relacional, no solo al comportamiento externo. Acontece y despierta vida nueva: Mateo es ahora el apóstol, el evangelista. Dios ha actuado, allí donde nadie lo esperaba, y el llamado ha dicho sí.

Sobre esto, la liturgia tiene mucho que decir. En la liturgia antigua, la Iglesia anunciaba a la comunidad los momentos importantes del año —fiestas, ayunos, escrutinios— no como un recordatorio práctico, sino como un modo de decir que la salvación se realiza en un momento preciso y en un lugar concreto.

Pensemos en un ambón, que por su confección y ubicación evoca la Resurrección; y entonces, quien proclama desde allí no es simplemente un lector: es imagen del ángel en el sepulcro vacío, anunciando que Cristo, el Resucitado, vive. Por eso, el anuncio del Evangelio, de la Pascua y todo anuncio litúrgico debe provenir del ambón y no de un atril casual. Con este y muchos otros ejemplos, la Iglesia celebra que el anuncio es presencia viva del Resucitado. Esa es nuestra tarea.

Así, el anuncio no es solo un comunicado, no se puede comparar a un mensaje de Whatsapp o titular de noticia, porque es un signo de salvación. Se trata de algo que acontece, en el tiempo y en la historia.

El año jubilar de la esperanza, que está por culminar en Roma, ha sido también un tiempo de gracias que nos recuerda que el seguir y anunciar a Cristo no es un peso, sino una alegría regalada.

Cristo, el mismo que se ha hecho niño frágil, ha vencido y por eso no anunciamos una teoría, sino una alegría viva y verdadera. El anuncio sigue siendo nuevo porque Dios está entre nosotros diciendo: “Sígueme, te mostraré el camino a la felicidad que no perece” (cfr. Sal 16,11).

¿En qué sentido mi vida es un anuncio gozoso de la victoria de Cristo? ¿Qué persona -a través de su testimonio- es para mí el ángel anunciando la victoria de Dios?

“El primer anuncio, ‘Jesucristo te ama, dio su vida para salvarte y ahora vive a tu lado cada día para iluminarte, fortalecerte y liberarte’, debe ocupar el centro de la actividad evangelizadora y de todo intento de renovación eclesial”.

Papa Francisco, Evangelii Gaudium, 164.

Camila Salinas P.
Estudiante de Licenciatura en Teología Litúrgica-Sacramentaria de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz (Roma).

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